Fábricas ocupadas, un presente ocupado

Chris Gilbert

Antes de nada, cuando se habla de la ocupación de fábricas, hemos de hablar de justicia social: de las operaciones del capitalismoneoliberal y de los procesos recién desarrollados de acumulación primitiva que entran en juego, por ejemplo, en la expropiaciónde los sistemas de reproducción de las semillas, la comodificación del acceso al agua y el robo de los espacios comunales, tanto en

las ciudades como en el campo, por compañías privadas.1 Igualmente, es de considerar la catalogación de grupos humanos como irrelevantes y sin valor en un sistema mundial basado en mercados movedizos, como ocurrió en Chiapas tras la creación del NAFTA(TLCAN). Finalmente, dentro de nuestra perspectiva, hemos de considerar los inevitables contra-movimientos que la agresión capita-

lista produce, ya sea en la Luisiana devastada por Katrina o en los barrios de Sudamérica, o, encubiertamente, en casi todos las regiones del globo. Una vez todo esto haya sido revisado, podremos hablar de cultura y del importante pero subordinodo papel que la producción cultural alineada puede tener para contribuir con el trabajo de los contra-movimientos esencialmente económicos

y políticos. Las luchas populares en Venezuela marcadas por el levantamiento

del Caracazo y el primer intento de Hugo Chávez para acceder al poder poco después, no son nuevas.2 Hay una historia, pese a estar soterrada y ser discontinua, en la que, con rasgos análogos, salió a la superficie en la Rusia de la década veinte, en la Italia de principios de los años veinte, en la España republicana de la década de 1930, y que hoy subsiste en lugares tales como Argentina y Corea.

Un isomorfismo, casi extraordinario, emerge de la neblina de la historia burguesa, con características notables tales como la ocupación y reapropiación de la propiedad común, el papel central de la mujer en las luchas, y, más a propósito, la ocupación de los medios de producción mediante la toma de fábricas y tierras de cultivo. Lo que impide que esos momentos pasados sean mera historia es que su legado se mantiene en el presente como un espectro, como una posibilidad firme. Es por esta razón que tales “pasados” no pueden nunca ser comprendidos como simples pasados. Sólo pueden ser “comprendidos” cuando, en el curso de un momento transformante, un grupo pasa de la reflexión a la acción. En tales situaciones la misma temporalidad es transformada y el tiempo deja de ser un mero pasaje o una trivial secuencia. No es ya un tiempo de sino un tiempo para: el “ahora-tiempo”.3

La toma de poder por el pueblo en todos los niveles de la sociedad venezolana, incluyendo las recientes ocupaciones de fábricas que han sido documentadas en el nuevo proyecto de video de Dario Azzellini y Oliver Ressler, llega bajo el signo de dicha suspensión de la temporalidad. Sugiere un movimiento doble de conexión y desconexión en el que vínculos directos entre momentos discon-

tinuos de llegar a ser rompen con la imperturbable semejanza de los linajes favorecidos por las narraciones históricas de los grupos de poder. Porque, en tales circunstancias, cuando confrontados con la aparentemente insuperable oposición los trabajadores han tomado y luchado por los medios de producción; en tales circunstancias entra en el mundo un proceso creativo, profundo y lleno de sentido, un proceso ampliamente considerado como un campo exclusivo para los artistas. La realidad en sí misma se convierte en un campo de actividad para la imaginación, no la imaginación de una persona individual, como lo es en las nociones prevalentes sobre la producción artística, sino como una imaginación distribuida que, como la intelectualidad de las masas que tiende a acompañar tales desarrollos, niega que el pensamiento sea interior eindividual, y especialmente niega la propiedad de la verdad por una clase o individualidad.

Las grabaciones de este proceso filmadas por Azzellini y Ressler, con entrevistas distribuidas en seis pantallas, expresan muyclaramente el poder transformativo del mundo de la agencia de trabajadores. (Los videos, que finalmente serán recopilados en un sólo dvd, se proponen no tan solo documentar sino también contribuir a la lucha mediante su distribución en Venezuela como un modo de compartir conocimientos entre los grupos dispersos de trabajadores.) Por ejemplo, un principio clave para la estructura

del trabajo es la lógica de la auto-representación. En el video los trabajadores hablan por sí mismos del mismo modo que en lafábrica se resisten a delegar su papel de liderazgo en los gerentes, lo cual conecta con los temas de participación y protagonismo social que opera en diversos planos en la revolución Bolivariana.4

El video también muestra como un extendido terreno común de palabras e ideas —un espacio discursivo que es mantenido en común— ha llegado a existir junto a las propiedades y medios de producción colectivamente mantenidos. Al escuchar y participar en este espacio discursivo, absorbente y atractivo en el que las proyecciones son de tamaño natural, como ocurre en la instalación actual, uno se da cuenta de que ningún concepto ha quedado sin ser transformado. Los puntos teóricos son discutidos, precisados, examinados, y rebatidos. Los derechos que los trabajadores proponen están lejos de los formalizados

derechos humanos que dominan el discurso liberal. Por contraste, lo que está en juego son los derechos que son provisionales yen transformación en la medida en que están integrados en los procesos sociales y están relacionados con las formas de solidaridad social y vida comunitaria. Y, al igual que con el concepto de los derechos en Venezuela, ocurre con los conceptos de liderazgo, nación, partido y poder. En particular, en este contexto, el liderazgo se convierte muy evidentemente en un canal para una multitud emergente.5

Algunos en la izquierda política de Venezuela —y en todo el mundo— han preferido establecer distancias o simplemente ignorar la revolución Bolivariana. Hay variedad de explicaciones posibles para esto, incluyendo el desplazamiento de los intelectuales tradicionales por la intelectualidad de las masas, y las

engañosas maniobras de los medios de comunicación dominantes. Pero un factor clave es, sin duda, cierta mala fe en la izquierda que se pone en evidencia cuando ésta señala los peligros del liderazgo, partido y estado, cuando de lo que realmente se trata es de temor o rechazo a tomar poder.6 En lugar de un interés en la política real y en la formación de bloques de poder, ello acarrea que los valores básicamente anárquicos de la autoorganización y de la autonomía

sean mantenidos como ideales fetichistas, mientras que el poder del estado y el liderazgo de clases son sistemáticamente demonizados. Pero está claro por acontecimientos recientes —la díficil situación de las fabricas ocupadas en Argentina así como las traiciones contra las tomas de fábricas en Turín en los primeros años veinte del pasado siglo (y dejando de lado las auto-limitadas

actividades de muchos grupos activistas en los Estados Unidosy en Europa)— que la auto-organización y la autonomía del trabajador tiene sus límites. Una lectura firme de nuestro momento histórico nos dice que la autoorganización es un comienzo necesario e importante, pero que sin el desplazamiento y reconstitución del poder real, poder estatal incluído, y sin liderazgo de clases

sociales, inevitablemente se convertirá en sujeto de operacionesa capturar por las existentes formas de poder y de estructurade clases.

En este contexto la situación de Venezuela con su compromiso con asuntos micropolíticos tales como los derechos de las mujeres, de los gays y de la auto-determinación local, combinado con una concentración constante en las cuestiones macropolíticas de poder estatal bajo el cual puede desarrollarse el anterior, es modélica. La legislación es en sí misma un asunto creativo, como lo es la original práctica de cogestión que sostiene las ocupaciones y que marca una clara distinción de los ejemplos argentino e italiano. En el núcleo de la cogestión residen los principios de solidaridad social entre los trabajadores así como entre la fábrica y la sociedad en toda su extensión.7Hay muchos modos posibles para la realización de estos principios, pero un arreglo que es común es el de que los trabajadores posean el 49 por ciento de la fábrica, tomando decisiones de base en las asambleas, mientras que el 51 por ciento de la fábrica pertenezca al estado, el cual suministra los medios y las inversiones iniciales que de acuerdo con el proyecto irán siendo gradualmente compradas por los trabajadores. Esta unión entre la protección y poder estatal con la iniciativa de los trabajadores —un modelo basado tantoen la cogestión como en otros aspectos del proceso Bolivariano— ha tenido como resultado ganancias enormes.8 De repente, la autoorganización se hace real, queda inscrita ampliamente en el tejido social, dando lugar a un programa realizable, en vez de quedarreducida a ser simplemente un mero proyecto de actividades prácticamente simbólicas.

Es difícil sobrevalorar el emocionante sentimiento que transmite la situación de un mundo que ha dejado de ser indiferente o contrario al pueblo, y la ligereza que produce en el caminar de aquellos envueltos en el proceso así como en compañeros solidarios. Elvideo, pese a su carácter mesurado, nos transmite incluso participa de todo esto en muy diversos modos. Aquí podría ser oportuno

preguntar en que medida el video es heredero de una tradición de documentación realista o, incluso, del realismo-socialista.Manteniéndonos en la línea de lo que hemos dicho más arriba, está claro que el realismo-socialista asume un carácter de aspectomenos atrasado cuando la realidad en sí misma se entremezclacon la imaginación mientras que su aislamiento en las “artes” lo

ha sofocado. En estas condiciones, el producto más vibrantemente artístico será aquel que, no operando en el estudio e incluso menos aún en la imaginación individual del artista, se gire hasta enfocar hacia el mundo. Llámese a esto “nuevo realismo socialista” si se quiere, con una salvedad clave: el gesto de enfocar hacia el mundo es en parte un acto de documentación pero igualmente resulta una contribución —como una manera de mediación y de hacer—

al proceso mismo en el que se trabaja.9

Argumentamos que es como mediadores de colectivos y como compañeros de trabajo que los trabajadores del arte han de operar. Absteniéndose de la arrogancia y de la vacuidad de la mayor parte de aquello considerado como creación, se alinearán a sí mismos con la multitud emergente. Pues claramente hay una guerra hoy, una guerra contra los pobres (la Cuarta Guerra Mundial, por utilizar la descripción de los Zapatistas). En tales circunstancias, se hace necesario para todos tomar partido entre ser agentes del poder de la clase dominante —para la que la cultura proporciona una máscara o cortina de humo para retener sus propiedadesy para asegurar sus valores (podría argumentarse que en cierto nivel la práctica totalidad del arte contemporáneo ha sido reduci-

do a ello)— o, por el contrario, alinearse con los procesos de transformación social y con el contra-movimiento que se forma bajoel nombre de anti-globalización, que lucha contra el capitalismo, en este caso en la Venezuela Bolivariana. Como se podría esperar de un proceso que en su base es materialista, hay ya signos de tales opciones en la esfera cultural, en ambas direcciones: la figura de prácticas artísticas modestamente “intervencionistas” y enun interés básicamente antropológico en la creatividad de lasmultitudes.10 Hoy, los puntos de referencia en una guerra por lahegemonía están claros, las figuras de destrucción o los poderes del hacer y rehacer. Es como agente para asegurar el poder de estos últimos —el persuasivo e informativo torso humano de un poder real del cuerpo de caballo (para usar famosa alegoría de Gramsci de la hegemonía como centauro)— que los trabajadores culturales pueden situarse ahora a sí mismos.

NOTAS

1.David Harvey, The New Imperialism (Oxford: OxfordUniversity Press, 2003), 147–148. Michael Hardt y Antonio Negri, Multitude (Londres: Penguin, 2004), 179–188.

2.En 1989, pese a muchas promesas, el recientemente elegido presidente CarlosAndrés Pérez cedió a un plan de ajustes estructurales con los convencionalesplanteamientos prescritos por el “Washington Consensus”. Precipitada por unasubida de las tarifas de los autobuses públicos, un par de días de levantamientosespontáneo se extendió por todo Caracas y otras ciudades venezolanas. Losacontecimientos del “Caracazo”, incluyendo la brutal represión que dejó entre600 y 3000 personas muertas dependiendo de la contabilización, fue un puntode inflexión para la politización de los venezolanos, incluso de muchos militaresque se resintieron a ser utilizados como agentes de un capital transnacional yforzados a cometer actos violentos contra su propio pueblo.

3. El término “now-time” (ahora-tiempo) es traducción literal del término Jetztzeit acuñado por Walter Benjamin, quien a su vez lo tomó de Karl Krauss, para un momento potencialmente revolucionario que el historiador trata de extraer de la continuidad de la historia. Jetztzeit no es la palabra alemana normal para indicar el presente (Gegenswart); apunta hacia el tiempo lleno de “la presencia del ahora”, con posibilidades y peligros para las clases trabajadoras, y que puedeser distinguido por el carácter vacío y homogéneo del tiempo concebido por lahistoriografía burguesa.

4.Las fábricas en las que se realizaron las entrevistas: la empresa de aluminio alcasa, Tomates Guárico-Caigua, la cooperativa textileros del Táchira, Unión Cooperativa Agroindustrial del Cacao, y la fábrica de papel Invepal.

5.Por ejemplo Alexander Patiño, un trabajador, dijo en el video de Azzellini y Ressler: “Ahora tenemos la oportunidad, en el marco de nuestra nueva Constitución, deescribir nuestra historia. Somos los protagonistas.... Nosotros no pensamos comoel comandante Chávez, el comandante Chávez piensa como nosotros y por eso es que él está allí, y lo mantenemos allí”.

6.Cf. Claudia Jardim y Jonah Gindin, “Interview with Tariq Ali: Venezuela: Changing the World by Taking Power”, http://www.venezuelanalysis.com/articles?artno=1223.

7.Michael Lebowitz, “Constructing Co-management in Venezuela: Contradictions

Along the Path”, http://mrzine.monthlyreview.org/lebowitz241005.html.

8.Formadas en su mayor parte a partir de 2004, las cooperativas se han convertido en un rasgo esencial de los planes del gobierno Bolivariano para un socialismo del siglo veintiuno. Para ver un interesante desarrollo del tema, ver: Camila Piñeiro Harnecker, “The New Cooperative Movement in the Bolivarian Process”, http://mrzine.monthlyreview.org/harnecker051205.html.

9.Usamos la palabra “medios” en nuestro título para indicar la posibilidad de un

realismo socialista que va más allá de las prácticas anti-modernas anticipadas por figuras tales como Andrei Zdhanov, gobernador de Lenigrado entre 1932 y 1948, una figura clave para las prácticas social-realistas que dominaron bajo Stalin. “Medios” indica, además, nuestro reconocimiento de que toda documentación es una forma de creación o trabajo, cuyos productos nacen junto, e idealmente en solidaridad con las nuevas realidades que documenta. Finalmente, “medios” y su pariente etimológico “mediación” hace referencia al papel que puede asumir el arte, asegurando la hegemonía mediante el mutuo acuerdo y la persuasión, cuando operan en común o aunando fuerzas.

10.Cf. Nato Thompson y Gregory Sholette, The Interventionists: A User’s Manual for the Creative Disruption of Everyday Life (Cambridge, Mass.: mit Press, 2004). Esta exposición incluía Disobbedienti, 2002, la primera colaboración de Azzellini y Ressler.fábricas ocupadas, expropiación, y cogestión obrera